Buenos Aires Noise III: ruido, cuerpo y colisión
El 7 de diciembre, en Unione e Benevolenza, la tercera edición del Festival Buenos Aires Noise volvió a dejar en claro que este no es un espacio para la distracción ni el consumo liviano. Lo que pasó esa noche fue confrontación directa. Sonido, cuerpo y riesgo real puestos en primer plano.
La apertura quedó en manos de Maia Koening, multiartivista experimental patagónica. Su intervención fue más cercana a una acción performática que a un show tradicional: instrumentos construidos por ella misma, juguetes reciclados, referencias al universo retro-game, poesía y teatralidad. Un set de tensión sutil y atmósferas frágiles, que preparó el terreno para lo que vendría después. Nada decorativo, nada casual.
Aguja, dúo integrado por Sofja y Astrosuka, profundizó ese clima con una descarga de electrónica experimental áspera y mutable. Sonidos metálicos y elásticos, ruido digital, percusiones sintéticas y melodías inestables que se armaban y desarmaban frente al público. Un discurso sonoro incómodo, insistente, que no ofreció puntos de apoyo.
El punto de quiebre absoluto llegó con Alessandra Zerbinati. La artista italiana inició su presentación con una performance de gestualidad y danza butoh, movimientos contenidos y tensión corporal extrema. Luego, el sonido tomó el control. Zerbinati amplificó sus gritos distorsionados a través de un micrófono con forma de plug, llevando la voz a un plano físico y perturbador.
La acción avanzó hacia un terreno aún más crudo: cortes en la lengua y en la pierna, el cuerpo expuesto como superficie de conflicto. La desnudez y la sangre no fueron provocación vacía, sino parte de una puesta en escena explícitamente ligada a abordar el tema del aborto, desde un lugar violento, real y sin metáforas amables. El cierre fue brutal: nuevas heridas en la espalda, la sangre alcanzando al público, y un descenso final del escenario hacia la gente, rompiendo toda frontera entre artista y audiencia. El acto terminó con un simple “gracias”. Seco. Definitivo.
El cierre de la noche quedó en manos de Wolf Eyes, en su primera presentación en Argentina como parte de su debut sudamericano. El dúo formado por John Olson y Nate Young desplegó una pared de ruido implacable: frecuencias abrasivas, pulsos opresivos y capas de sonido que empujaron al cuerpo a su límite de resistencia. Wolf Eyes no busca agradar ni convencer. Impone. Y lo logró.
Buenos Aires Noise volvió a cumplir su promesa: no entretener, sino incomodar.
Una noche extrema, incómoda y necesaria.
De esas que no se aplauden solamente: se soportan, se atraviesan y se recuerdan.
Agradecemos a Rueda de Fortuna.
PH: Pentacle.ph
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