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30 abril 2026

Lucifer en el Uniclub: la tercera visita y el reino de las tinieblas volvió a Buenos Aires

Hay lugares que se prestan para cierto tipo de magia. El Uniclub, con su cercanía, su oscuridad natural y esa sensación de sala íntima que pocas veces se encuentra, es uno de esos. El jueves 23 de abril fue el escenario ideal para que Lucifer desplegara su ritual por tercera vez en Argentina — y la tercera, como bien saben ellos mismos, no tiene ninguna intención de ser la última.
La noche arrancó puntual con Martes Negro. Unas veinte personas ocupaban el Uniclub cuando la banda salió al escenario, pero eso no fue excusa para bajar la intensidad — sonaron potentes desde el primer tema. Después llegó Viven Mueren con un set instrumental igual de contundente, y la sala fue llenándose de a poco mientras el ambiente se espesaba. Para las 21:30, cuando estaba previsto el inicio de Lucifer, el público ya había tomado posición: camperas de cuero, mucho negro, una presencia femenina notable y parejas que habían llegado a compartir algo más que un show.
Cuando Johanna Platow tomó el escenario, el Uniclub se transformó. Lucifer no es una banda que necesite grandes producciones para crear atmósfera — la atmósfera la traen puesta. El ocultismo setentoso, la estética de Hammer Horror, el cuero y las tinieblas bien administradas construyen un universo visual tan coherente con su música que cada tema se siente como parte de un ritual mayor.
El setlist recorrió lo mejor de su catálogo: Anubis, Ghosts, Crucifix (I Burn for You), Riding Reaper en el tramo inicial, construyendo una inercia que el público absorbió en silencio devoto. Lucifer, At the Mortuary, Slow Dance in a Crypt profundizaron el trance. El Uniclub no estaba lleno en su totalidad — había espacio para moverse — pero la gente que estaba ahí estaba completamente entregada.
La noche tuvo su momento más humano — y más gracioso — cuando Johanna interrumpió el show para pedirle a alguien del público que apagara el flash de su cámara. Lo pidió varias veces, señalando con el dedo, con un enojo que era completamente real. Cuando la persona finalmente obedeció, Platow azotó varias veces el pie del micrófono contra el escenario, sacó pecho y dramatizó su enojo con una teatralidad tan perfecta que arrancó risas y ovaciones de toda la sala. Un momento que resumió todo lo que es esta mujer arriba de un escenario: autoridad total, pero con humor.
El cover de Kiss con Goin’ Blind fue un guiño perfecto antes del cierre. Y Fallen Angel cerró la noche como debe cerrarse un ritual: despacio, con peso, dejando una sensación que no se disipa fácilmente.
Lucifer volvió por tercera vez y cada visita confirma lo mismo: son una banda que sabe exactamente lo que hace y lo hace con una coherencia que pocas tienen. Uniclub fue el escenario perfecto — íntimo, oscuro, sin distancias. Johanna Platow es una presencia escénica difícil de olvidar. Y si algo quedó claro el 23 de abril, es que no va a pasar mucho tiempo antes de que vuelvan.

Agradecemos a Noiseground

PH: Deedee.Eff

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