Kanonenfieber en Argentina: irrupción bélica, intensidad absoluta y un cierre que dejó gusto a poco
La noche prometía un desembarco extremo y lo cumplió. Aunque arrancó con un golpe inesperado: Demiurgo, banda invitada, no pudo presentarse. Una ausencia que se sintió, porque es un proyecto que merece escenario y que habría elevado aún más la vara desde el inicio.
Con ese vacío, Rhaug tomó el mando y lo hizo con contundencia. La banda de black death metal continúa consolidándose como una de las fuerzas más sólidas del underground local. Su set fue una embestida precisa, oscura y bien ejecutada, ratificando todo lo que ya habían demostrado con su debut homónimo de 2024 un disco que sigue siendo obligatorio para quien busque metal extremo argentino con identidad propia.
Tras su actuación, el clima se tensó durante una espera incómoda: media hora de polskas alemanas que poco ayudaron a amortiguar la ansiedad del público. Pero a las 21:30, finalmente, Kanonenfieber apareció. Y la respuesta fue inmediata: El Teatrito mostró una convocatoria sorprendente, mucho más amplia de lo esperable para una banda que visita el país por primera vez y con una propuesta tan específica.
La puesta en escena fue uno de los puntos más logrados de la noche. Bolsas de arpillera alrededor de la batería, alambres de púas plásticos, iluminación fría y una estética de trinchera que recreó la desolación de la Primera Guerra Mundial. No es un decorado superficial: la identidad visual refuerza el concepto histórico que sostiene toda la obra de la banda, y en vivo funciona de manera impecable.
Kanonenfieber abrió fuego con una primera parte del show dominada por una secuencia feroz que pasó por Menschenmühle, Sturmtrupp y Der Füsilier I, marcando un ritmo militarizado desde el primer minuto. A partir de ahí, la banda profundizó en su narrativa de guerra con Grabenlieder y Der Maulwurf, para luego desatar un tramo final de esta primera ofensiva con Panzerhenker, que cerró un bloque inicial tan contundente como asfixiante.Tras una breve retirada, regresaron para la segunda embestida, en la que avanzaron con Kampf und Sturm y un encendido Z – Vor!, seguido por Die Havarie. El cierre llegó con Ausblutungsschlacht, una ejecución devastadora que dejó a la sala completamente entregada y marcó el punto más alto del concierto.
El punto flojo fue la duración: una hora exacta, aproximadamente. Para una primera visita, con una convocatoria tan fuerte y después de una espera larga, resultó insuficiente. La banda entregó potencia, profesionalismo y una ambientación impecable, pero quedó la sensación de que la noche merecía un tramo más.
Aun así, el saldo fue más que positivo. Kanonenfieber irrumpió en Buenos Aires con un show conceptual, feroz y distinto, de esos que marcan un registro dentro de la escena extrema. Quedó corto, sí. Pero se vivió como un acontecimiento.
Agradecemos a Icarus Music – Marcela Scorca.
PH: Gonzalo Soutric









