Graveyard en Buenos Aires: cuando los años 70 volvieron a respirar
Hay música que no necesita explicación. Que entra por los oídos y te transporta sin avisarte. Escuchar a Graveyard en vivo es exactamente eso: un regreso involuntario a los años 70, cuando Led Zeppelin, Black Sabbath y Cream construían el lenguaje que esta banda escandinava hoy habla con una fluidez que asombra. El Uniclub, con su intimidad característica, fue el templo justo para una noche de blues ácido y psicodelia bien administrada.
WICCA333 abrió la noche con su heavy psy blues y lo hizo con una presentación impecable — dejaron el escenario listo, el ambiente encendido y la vara alta. Después llegó el turno de Bike, los brasileños que vienen girando junto a Graveyard por todo el continente. Una elección que no es casual: su sonido funciona como puente perfecto entre las bandas soporte y los maestros escandinavos que cerrarían la noche.
La banda sueca demuestra en cada show que se puede sonar pesado sin perder la melodía, que se puede construir atmósfera sin trucos ni artificios. Solo bajo stoner que se hace escuchar, solos de guitarra completamente seductores y la voz desgarradora de Joakim Nilsson por encima de todo, conduciéndolo hacia algún lugar entre el dolor y el éxtasis.
Arrancaron con Please Don’t y el tono quedó establecido de entrada. Cold Love, No Good Mr. Holden, Breathe In Breathe Out fueron construyendo una inercia hipnótica que el Uniclub absorbió en silencio devoto. La esencia orgánica del hard rock — sin capas de producción, sin artificios digitales — brilló en cada tema como una declaración de principios.
El tramo central del show fue el corazón de la noche: Ain’t Fit to Live Here, Rampant Fields, Bird of Paradise y el monumental Hisingen Blues demostraron que Graveyard tiene la rara capacidad de crear piezas maestras en tiempos donde eso parece imposible. Goliath y Uncomfortably Numb profundizaron el trance antes del tramo final.
El cierre llegó con Twice, Evil Ways, Hard Times Lovin’, Satan’s Finest y The Siren como último aliento de una noche que no quería terminar. Uniclub se despidió despacio, como debe despedirse de algo que valió la pena.
Agradecemos a Noiseground
Crónica y PH Pentacle.ph
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