Feuerschwanz en Buenos Aires: La horda llegó y El Teatrito entró en modo Medievalocura
Hay bandas que uno sabe de antemano que van a dar un buen show. Y después está Feuerschwanz, que no da un buen show: da una fiesta disfrazada de show de metal. La banda alemana de folk metal aterrizó en Buenos Aires por primera vez en el marco del Knightclub Tour 2026, eligió El Teatrito como escenario de debut, y se fue con el título ganado.
El Teatrito recibió al público al 60% de su capacidad — lo que en otra era hubiera sido motivo de preocupación, pero acá fue simplemente el número que había en la sala, y esos que estaban pusieron el doble. Muchos habían llegado lookeados: capas, sombreros medievales, remeras de la banda, algún que otro casco simbólico. No era cosplay, era entusiasmo. Era la gente que entiende el juego de Feuerschwanz y decide jugarlo.
Esa energía estuvo desde antes de que empezara el show. Y se notó en uno de los momentos más inesperadamente argentinos de la noche.
Antes de que saliera la banda principal, hubo un inconveniente técnico. Un problema con una luz obligó a que el equipo de producción sacara una escalera desde detrás de la pantalla del escenario para resolver la situación. Unos minutos de espera que en otra sala hubieran pasado en silencio incómodo. Acá no.
El público, fiel a su naturaleza, tomó la escalera como bandera y empezó a cantarle: “Ole, ole, ole… esca-lera.” El clásico de las tribunas argentinas, pero con herramienta en lugar de nombre propio. La sala entera en coro, riéndose, festejando el problema técnico como si fuera parte del show.
Fue el primer síntoma de que esto iba a ser diferente.
Lo que el público no sabía — y que fue trascendiendo después del show — es que Feuerschwanz llegó a Buenos Aires después de una noche sin dormir, esperando hasta el último momento que la aerolínea apareciera con sus instrumentos. El equipaje había sido extraviado, y la banda estuvo en vilo hasta pocas horas antes del show sin saber si iba a poder tocar. Los instrumentos llegaron. Pero no todo. El Capitán — el frontman, la cara y el alma del grupo — tuvo que salir al escenario con el traje incompleto porque una de las valijas no apareció a tiempo.
Que hayan dado ese show en esas condiciones dice todo lo que hay que saber sobre esta banda.
Cuando las luces por fin se apagaron, salieron al escenario dos chicas — las Schildmaids, las guerreras danzantes que forman parte del espectáculo de Feuerschwanz — cada una flameando una bandera argentina. El Teatrito se fue al carajo. Ahí arrancó la banda con Drunken Dragon y la temperatura subió sin vuelta atrás. No hubo calentamiento gradual, no hubo presentación solemne. Feuerschwanz entró a matar y el público respondió de inmediato. La sala cantó, saltó y empujó desde el primer acorde. Lo que siguió fue un setlist de 19 canciones que pasó por Memento Mori, Bastard von Asgard, Knightclub, Berzerkermode y más, sin bajar el ritmo en ningún momento.
Uno de los momentos más recordados de la noche fue cuando el cantante bajó del escenario y se metió entre el público. No fue un saludo protocolar ni una vuelta rápida: se quedó ahí, y alrededor de él se armó un círculo que empezó a girar. Una rueda humana, folk metal en vivo, el Teatrito convertido en meadhall por unos minutos. Esa imagen lo resume todo: Feuerschwanz no actúa para el público, actúa con el público.
El show tuvo varias cimas. El solo de batería que derivó directamente en They’re Taking the Hobbits to Isengard fue uno de los delirios más celebrados de la noche — el público argentino, que no necesita que le expliquen nada de Tolkien, lo cantó completo. Después llegó Dragostea din tei — sí, el “ma-ia-hii” de O-Zone — en versión folk medieval. Tan absurdo como suena, tan brillante como fue.
El encore cerró con Valhalla y Rohirrim, dos canciones que tuvieron a toda la sala cantando en alemán sin saber alemán, lo cual es quizás la mejor definición posible de lo que es un buen show de metal.
Esta fecha de Feuerschwanz cayó en el medio de una semana extraordinaria para el metal en Buenos Aires — varias bandas de primer nivel pasando por la ciudad una tras otra, casi sin respiro entre show y show. Eso nos deja con una pregunta que merece su propio espacio. ¿Por qué en Argentina vivimos el metal así, fecha por fecha, en lugar de juntarlo todo en un festival? ¿Es decisión de las productoras? ¿Es lo que el público prefiere? ¿O simplemente es lo que funciona acá?
Lo debatimos mañana.
Agradecemos a Icarus Music – Marcela Scorca
PH: Thunder.ph











