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Tigers Jaw en Uniclub: vulnerabilidad compartida y coros que duelen bien

23 OCT 2026 · Kaiowas

Tigers Jaw se presentó el 8 de octubre en Uniclub, un marco íntimo y perfecto para la crudeza y nostalgia del estilo emo/indie rock que maneja la banda.

Uniclub es un recinto cerrado y cercano que propicia esa interacción directa sin vallas gigantes, ideal para capturar la comunión entre la banda y la fanaticada local, que suele cantar cada línea vocal de memoria.

Abrió la noche Clamor, desde Quilmes, un grupo joven y potente que transmitió su música con convicción, fusionando el rock indie con el screamo. Dejaron el escenario listo y agradecieron más de una vez estar presentes junto a una banda de la que hacían covers años atrás y con la que hoy comparten escenario.

La banda creció a la par de la gran ola del emo revival y pop-punk alternativo estadounidense de finales de los 2000 y principios de los 2010, compartiendo sello (Run For Cover Records) y escenas con bandas como Title Fight, Balance and Composure, Turnover y Touché Amoré. Con el paso de los años, esa dualidad de voces masculinas y femeninas con arreglos de teclado melancólicos se convirtió en el sello identitario indiscutible del grupo.

Plane vs. Tank vs. Submarine e I Saw Water, del icónico disco homónimo de 2008, son las canciones que convirtieron a la banda en un mito del emo de culto y que desataron los pogos y los coros más desgarradores de la noche. Una banda que estuvo al borde de la disolución hace más de una década logró reinventarse, mantenerse relevante y llenar salas en Sudamérica.

La gente es, sin duda, el corazón de cualquier show de emo/indie rock, y más aún en un espacio como Uniclub, donde la distancia entre la banda y el público prácticamente no existe. El público de la escena emo/punk en Argentina no solo escucha o poguea: canta cada palabra como si fuera propia. En himnos como Plane vs. Tank vs. Submarine o I Saw Water, el coro de la multitud por momentos sobrepasaba la potencia de las voces de Ben Walsh y Brianna Collins. Letras escritas en habitaciones de Pensilvania a miles de kilómetros terminan resonando en el pecho de pibes y pibas en Abasto. Esa sensación de vulnerabilidad compartida transforma el recital en una especie de sesión de terapia colectiva. La actitud de Ben y Brianna sobre el escenario —cómo buscan la mirada de las primeras filas, cómo sonríen ante la euforia desmedida del público, la complicidad que se genera cuando la gente extiende las manos hacia el micrófono— completó esa imagen: los teléfonos desaparecieron para dar paso a puños en alto y gargantas rasgadas.

Agradecemos a Noiseground
Cobertura : Pentacle.ph

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