Treinta años no se cumplen todos los días. Y Lörihen lo sabe. El domingo 11 de octubre, el Teatro Flores fue el escenario elegido para cerrar tres décadas de carrera con un show que combinó emoción, nostalgia y la energía de una banda que sigue siendo una referencia ineludible del rock y el heavy metal argentino.
Antes de que Lörihen pisara el escenario, Cobre y Against pusieron el ambiente donde tenía que estar. Against llegó con la propuesta nacionalista que viene sosteniendo hace tiempo —una identidad que en el contexto político y social actual tiene más peso que nunca— y entregó un set de heavy metal de principio a fin que calentó a un público que ya venía con las pilas puestas.
Cuando la banda salió, el teatro explotó. Las luces del show estuvieron a la altura de la ocasión —producción visual que le dio a cada momento el peso que merecía— y el público respondió desde el primer acorde hasta el último. Veintiún temas en el setlist, un recorrido sin pausa por tres décadas de canciones que la gente tiene grabadas a fuego.
Lo que hizo especial esta noche no fue solo la cantidad de temas sino quiénes subieron al escenario a compartirlos. Lucas y Javi abrieron con dobles voces en Bajo la Cruz y Presa + Paradigma. Nico Ciancio se sumó en bajo para Extraños Signos y Animal. Ari Ramieri duplicó guitarras en Muro del Silencio. El momento acústico llegó con Esa Gran Mujer, con Emi y Javi Barrozo —ex cantante de la banda— en una versión que bajó la temperatura de la sala para subirla de otro modo. Knario aportó segunda voz en Fantasmas del Ayer, Mike Oropeza duplicó guitarras en Cadenas Perversión, y Fer Scarcella cerró su participación en El Viaje. El colofón fue Damián Janczur sumándose en bajo y segunda voz para el bloque Utopía + Corazón + Traidor.
Dos momentos quedarán grabados: el saludo de Julián Barret al público —un gesto cargado de historia— y el saludo visual de Adrián Barilari, que cerró un círculo de afectos que esta banda supo construir en tres décadas de trabajo genuino.
Vida Eterna como último tema. No podía ser de otra manera. Cuando los últimos acordes se apagaron y las luces bajaron, quedó en el aire algo difícil de nombrar pero imposible de no sentir: el peso de treinta años de canciones que acompañaron vidas, de una banda que eligió seguir cuando muchos se rindieron, de un público que no olvidó. El Teatro Flores fue testigo de eso. De que algunas cosas no pasan de moda porque nunca fueron moda. Fueron verdad.
Agradecemos a Gaby Sisti.
PH: Gabriela Braguzzi

