No había vuelta atrás. La primera visita de High On Fire a Latinoamérica no era solo una parada de gira: era la cancelación de una deuda de más de dos décadas con una escena que los venera desde lejos. El sábado 3 de octubre, en el Uniclub del barrio del Abasto, Matt Pike y su trío llegaron a Buenos Aires para cobrarla en especie. Y la pagaron con riffs.
High On Fire existe desde 1998, cuando Pike emergió de las cenizas de Sleep —los profetas del stoner/doom, autores de Dopesmoker— con la intención de llevar la pesadez a otro registro: más rápido, más feroz, más urgente. Casi treinta años después, la banda nunca había pisado suelo sudamericano. Esa anomalía terminó el 3 de octubre.
La banda llegó con Cometh the Storm (2024) en el bolsillo, su disco más reciente y una prueba contundente de que el trío no está en modo supervivencia sino en plena cima creativa dentro del sludge y el stoner metal. Pike en guitarra y voz, Jeff Matz en bajo y Ben Koller en batería: un trío demoledor, técnicamente sólido y con la conexión de una banda que lleva décadas perfeccionando el mismo evangelio.
Pike subió al escenario sin camiseta, cubierto de tatuajes, con esa mirada fija y salvaje que atraviesa a la multitud sin buscar su aprobación. No hubo poses de estrella de rock ni producción visual pretenciosa. Solo un guerrero del riff envuelto en distorsión. No habla entre canciones, no da discursos largos, no busca ser simpático. Habla a través de la guitarra y los guturales, y esa austeridad es exactamente lo que crea el trance. El arsenal sonoro de Pike —con su Soldano SLO-100 y los micrófonos signature Lace Dirty Heshers que él mismo desarrolló para saturar tubos sin perder definición— convierte el escenario en una arquitectura de impacto físico. Ver la velocidad de su mano derecha haciendo tremolo picking mientras sostiene un groove aplastante es un espectáculo en sí mismo.
El setlist navegó entre la furia de Cometh the Storm —con temas como Burning Down y Sol’s Golden Curse— y los clásicos infaltables: Hung, Drawn and Quartered, Rumors of War, 10,000 Years y el monolítico Snakes for the Divine. Poco más de una hora de show en un recinto íntimo que terminó convertido en una caldera. Al final, Pike lanzó las púas que tenía encima, saludó a la primera fila y se quedó unos minutos para fotos y autógrafos con los que lo esperaban.
La noche del 3 de octubre no fue simplemente una fecha más de su gira latinoamericana. Fue uno de los mejores shows del año en Buenos Aires. Y los que estuvieron lo sabían desde el primer riff.
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Cobertura: Pentacle.ph

