La banda de Florida desembarcó en Buenos Aires con todo el arsenal del death metal de la vieja escuela: voces guturales, guitarras distorsionadas hasta el hueso, blast beats implacables y letras que no piden permiso. Primera vez en el país, y arrancaron como si llevaran años viniendo.
La noche arrancó con las bandas soporte marcando el camino. Dead Rooster abrió con la voz algo baja al principio, pero fue encontrando el groove y cerrando sólido. Misa Negra, en cambio, entró brutal desde el primer acorde y dejó el piso encendido para lo que venía.
Matt Harvey llegó puntual y fue directo al grano. Sin ceremonias, sin demoras. El mismo Harvey que hace apenas un mes estaba acá con Left to Die volvió con su propia bandera y el mismo sonido, pero esta vez con la energía de quien sabe exactamente lo que tiene que hacer arriba de un escenario. Durante todo el show mantuvo un ida y vuelta constante con el público: provocando, señalando, empujando a la gente a dar más. Y la gente respondió. Agitó de principio a fin, sin pausa, sin respiro.
El set fue un golpe sostenido: Trapped in Hell abrió el fuego y de ahí en adelante no hubo tregua. Dimensions of Horror, Savage Land, el tema homónimo. Pero el cierre fue otra cosa. Black Magic de Slayer cayó como una bomba: el riff icónico explotó en el lugar, Harvey lo entregó con toda la convicción de quien rinde homenaje a sus raíces sin ninguna ironía, y el público lo recibió como lo que fue — el remate perfecto para una noche que no necesitaba más palabras.
Gruesome llegó por primera vez a Argentina y demostró por qué el death metal de Florida sigue siendo una referencia. Ojalá no sea la última.
Agradecemos a Noiseground
Ph: Deedee.Ef

