Hay lugares que tienen algo especial. El sótano del Club Bula es uno de esos — un espacio que achica las distancias, que pone a la banda a pocos metros y que convierte cualquier show en algo más parecido a un ritual privado que a un concierto. El lunes 17 de agosto, segundo día del tour despedida de Pentagram en Argentina y feriado de por medio, ese sótano fue el escenario de una noche que no se va a olvidar fácil.
Dragonauta abrió la noche con su sonido atmosférico y pesado que sedujo al público desde el primer acorde. Una apertura que no solo calentó el ambiente sino que lo preparó con la densidad justa para lo que vendría. Cuando bajaron del escenario, el sótano ya estaba listo.
Después llegó el momento. Ver a Bobby Liebling bajar las escaleras directo al escenario es una de esas imágenes que no se olvidan. Con Jägermeister en mano, palabras de agradecimiento al público y esa presencia magnética e inconfundible que lleva décadas construyendo, Pentagram arrancó con Live Again — del último álbum de 2024. El público se sabía la letra. Eso ya dice todo sobre el tipo de gente que estaba en ese sótano.
Siguió Star Lady — del primer y mítico álbum — y el pogo se alimentó del sonido mientras el sótano gritaba “Bobby, Bobby” sin parar. Y cuando empezó a sonar The Ghoul, el público se desató. Sinister y Sign of the Wolf — también de Relentless — completaron un arranque demoledor.
De Lightning in a Bottle llegaron Spoke to Death, Walk the Sociopath, In the Panic Room, Dull Pain y Thundercrest. En algún momento Bobby se detuvo, miró al público y preguntó: “Are you high?” La respuesta del sótano fue la esperada.
A la hora de show, una pausa. Bobby se tomó su tiempo — cigarrillo, agua, Jägermeister. Vale la pena detenerse en esto: Pentagram pisa escenarios desde los 70. La condición física de la banda y de su líder, que lleva décadas siendo uno de los frontmen más peculiares e irrepetibles del rock pesado, es algo que merece respeto. Los gestos característicos arriba del escenario siempre estuvieron — esa manera peculiar de vibrar la cadera y el cuerpo junto a los solos de guitarra de Tony Reed, igual que hace décadas. La viralización de internet los encontró siendo exactamente lo que siempre fueron. Y eso los perpetuó.
El tramo final llegó con First Daze Here, When the Screams Come, Review Your Choices y 20 Buck Spin. Se despidieron. Pero antes de que alguien procesara el final, el baterista John Haslip anunció desde la batería que no sería uno sino dos bises más. Y volvieron con los dos regalos que nadie esperaba pero todos necesitaban: Forever My Queen y Be Forewarned. El sótano del Bula quedó en trance.
Después del show, algunos miembros de la banda se quedaron a tomarse fotos y firmar vinilos. Tony Reed repartió carisma y autógrafos con una generosidad que completó la noche de la mejor manera posible. Pentagram se despidió de Argentina con dos fechas y con la confirmación de que no importa el tamaño del escenario — en el sótano del Bula o en cualquier parte del mundo, siguen siendo una experiencia única e irrepetible.
Agradecemos a Noiseground
Crónica y PH: Pentacle.ph

