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Between the Buried and Me: una lección de agresión y virtuosismo que Buenos Aires esperó demasiado tiempo

El debut de Between the Buried and Me en Buenos Aires no fue únicamente la comprobación de su maestría instrumental. Fue una lección de cómo la agresión y el virtuosismo pueden coexistir en perfecto equilibrio, y de cómo una banda puede trasladar la complejidad laberíntica de sus discos al escenario sin perder violencia ni solidez.

Un ritual largamente postergado desde 2020. La expectativa en Uniclub se respiraba densa, y se sentía la vibra de estar presente en una fecha única e irrepetible. La comunidad que esperó años para atestiguar el complejo rompecabezas sonoro de BTBAM no respondió como espectador pasivo: transformó la complejidad matemática en pura energía humana.

Tommy Rogers comandó la velada ejecutando ese vertiginoso registro de guturales rasgados y pasajes melódicos limpios que lo caracteriza. Los momentos de calma tornaban el ambiente etéreo para luego devolver la sala a un estado de catarsis absoluta. De la furia del technical death metal a los pasajes jazzeros, psicodélicos y polirítmicos —todo extremadamente complejo— sin romper el trance en ningún momento: cabezas agitándose al unísono en los tramos más brutales, coros en los pasajes más melódicos.

Llevar al escenario composiciones de esa magnitud requiere una precisión casi quirúrgica. El ensamble no falló un solo pulso.

El extenso setlist fue un repaso por toda su discografía. Abrieron con material de su último trabajo y luego llegaron los clásicos: Selkies: The Endless Obsession y Condemned to the Gallows entre ellos. Los momentos más eufóricos estallaron con los primeros acordes de God of Terror y Sun of Nothing, seguidos de Stare Into the Abyss. El cierre llegó con Prehistoric, The Blue Nowhere, Silent Flight Parliament y Goodbye to Everything Reprise. Con canciones que llegan a los diez minutos y solos de hasta dos, nadie en la sala miró el reloj.

Los pasajes más violentos desataron un pogo denso. Los clímax melódicos fueron coreados con la pasión característica del público local. Between the Buried and Me dejó una vara altísima: uno de los shows del año, no solo por saldar una deuda histórica, sino por dar cátedra de avant-garde y furia progresiva en una sola noche.

Agradeceos a Noiseground

Cobertura: Pentacle.ph

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