Veintiocho años de carrera, una sola alteración de formación y trece discos de estudio: Amon Amarth ya no tiene nada que demostrarle a nadie, y sin embargo acá están, otra vez, con el casco puesto y los remos en el agua. Después de The Great Heathen Army, que dejó a bastante gente con gusto a poco, la pregunta era si los suecos todavía tenían hambre o si vivían de la renta de los estadios. La respuesta de The Allfather Awakens es: hambre hay, sorpresas pocas.
Jacob Hansen, el productor de siempre en esta etapa, vuelve a pulir un sonido que se reconoce con los ojos cerrados: guitarras de Olavi Mikkonen y Johan Söderberg que trenzan melodías de epopeya, la base de Ted Lundström y Jocke Wallgren marchando como una formación de escudos, y Johan Hegg gruñendo como si todavía tuviera que despertar a los dioses a los gritos. No hay revolución de estudio ni la pretende.
“Gjallarhorn” abre con el pie en el acelerador y funciona como declaración de principios: riff directo, estribillo para levantar el puño, cero vueltas. “We Rule the Waves” apuesta todo a la épica y es de esos temas que ya se imaginan cantados por veinte mil personas en un festival europeo. “Kvasir’s Blood” es el que más huele a pasado: groove pesado y un aire que conecta con la etapa Jomsviking, la favorita de buena parte de la crítica en este disco. “Raven God” y “Die With a War Cry” meten esa marcha mid-tempo que la banda domina como nadie, y el cierre con “Ascending Like an Eagle”, de más de seis minutos, es donde el disco respira y se estira con ganas.
La única jugada que se sale del molde es “Upphaf”, el primer tema acústico de la historia de la banda. Es un respiro en el medio del álbum, y tiene sentido en el relato nórdico; no cambia el rumbo, pero muestra que todavía hay cuerda para probar cosas. Lo demás —incluida la canción que da nombre al disco, “The Allfather Awakes”, con Hegg hablando de que el conocimiento y los hechos tienen que guiar el futuro— transita carriles conocidos.
La prensa está partida, y con razón: hay quien lo toma por un regreso a las historias y los riffs grandes de antes, y quien lo ve como un disco sólido pero previsible, a la sombra de los clásicos. Coincido con las dos lecturas. Frente a Twilight of the Thunder God o With Oden on Our Side le falta ese tema que te parte al medio y te deja grabado para siempre; frente a The Great Heathen Army se siente más enfocado, más urgente, con menos relleno de estadio.
Veredicto: no es el disco que reescribe la historia de Amon Amarth, es el que confirma que siguen en forma. Si querés riffs de batalla, coros para gritar y una producción que suena a mil barcos, lo vas a disfrutar. Si esperabas un golpe de timón, vas a terminar de escucharlo con la cabeza en alto, pero sin sorpresas.
Puntaje: 7/10 calaveras 💀💀💀💀💀💀💀☆☆☆

Tracklist
- Gjallarhorn
- Eight Legs of Thunder
- Kvasir’s Blood
- We Rule the Waves
- Upphaf
- Die With a War Cry
- Raven God
- The Allfather Awakes
- Oden’s Hunt
- Ascending Like an Eagle
