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Sonata Arctica en el Teatro Flores: 30 años, una formación de acero y Tony Kakko como director de orquesta

Un año después de su última visita, Sonata Arctica volvió a Buenos Aires para celebrar 30 años de historia. Y lo hizo con la formación más estable que tuvo en su carrera: más de una década tocando juntos, y se nota. Suenan ajustados, sólidos, como una máquina que sabe exactamente para qué fue construida. El Teatro Flores los esperaba colmado, como pocas veces se lo vió.

Pasadas las 19hs Helios pisó el escenario con el telón abierto y con bastante público. Heavy metal tradicional con sonido moderno: imágenes de fondo envolviendo el escenario. Tocaron Huellas en la Eternidad, Ser Uno Mismo, Rebelión y Nuevo Amanecer — presentando su último disco Cenizas del Caos. El público los acompañó con palmas. El cantante Marcelo Ríos tomó el micrófono y cerró la aparición con una frase que lo decía todo: “Es un sueño para todos nosotros.” Dicho y hecho.

Sefirot llegó desde el interior con su heavy metal melódico y sinfónico y abrió con Samsara seguida de El Origen. El guitarrista Santiago Díaz tomó la palabra para presentar a la banda y su tierra de origen. El punto alto fue Quimera — con coros del propio guitarrista que sorprendieron por lo limpios y potentes. El anuncio de la noche: El Silencio de Hamelin, un adelanto del próximo disco Samsara Parte 2. Cerraron con El Encuentro. El cuarteto — Patricia Giménez en voz, Santiago Díaz Bruchman en guitarra, Ezequiel Wottitz en bajo y Leandro Soria Martínez en batería — dejó muy buena impresión y prometió futuras visitas a la Capital.

A las 21:10 llegó el momento. Sonata Arctica arrancó con I Have a Right y de ahí construyó un recorrido que combinó distintas etapas de su carrera, alternando material reciente con composiciones históricas. Black Sheep, Paid in Full y Last Drop Falls mantuvieron la energía alta desde el comienzo, con respuesta inmediata de un teatro que ya tenía la garganta caliente.

Los momentos más emotivos llegaron con Victoria’s Secret y Tallulah — que transformó al Teatro Flores en un coro colectivo y un mar de celulares en alto. Después vino una sentida versión de Letter to Dana, uno de los puntos más altos de la noche. Completaron el set principal con White Pearl, Black Oceans, con Tony dirigiendo al público con las manos como un director de orquesta poseído por algo que va más allá del rock. Luego Shy en una performance muy personal — Tony sentado, Henrik Klingenberg al frente en el teclado, toda la sala en silencio respetuoso — antes de que Fullmoon hiciera estallar todo.

A título personal: me hubiese gustado algo más power y menos baladas. Pero eso no importa — los fanáticos quedaron completos, como cuando vas a un tenedor libre y salís bien pipón. Para eso vinieron, y eso fue exactamente lo que recibieron.

Tras una breve salida el bis llegó con Last Amazing Grays y Don’t Say a Word, desatando la fiesta total. Tony Kakko se despidió con un mensaje directo: “Los quiero mucho, Buenos Aires.” Prometieron volver en la próxima gira. Sin duda, Argentina estuvo, está y estará en su agenda cada vez que salgan de tour.

Agradecemos a NWM y Gaby Sisti

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