Escuchar DSBM nunca se había sentido como una fiesta. Pero el jueves 17 de septiembre, El Teatrito explotó de convocatoria, el pogo arrancó desde el primer tema y Kim Carlsson bebía una copa con fernet mientras una botella de Quilmes rondaba el escenario. Lifelover llegó a Buenos Aires por primera vez — y Argentina respondió de una manera que no todos hubieran esperado para un género de nicho tan específico.
Un poco de contexto para entender la dimensión de la noche: Lifelover se disolvió en 2011, tras la muerte de Jonas Bergqvist (“B”), cofundador de la banda sueca pionera del Depressive Suicidal Black Metal con tintes post-punk. Doce años después, desde 2023, Kim Carlsson retomó el repertorio bajo el nombre KALL plays LIFELOVER — ahora simplemente Lifelover — con músicos que integraron la última alineación de la banda, incluyendo a H. en guitarra y Cirone en batería. Todo esto bajo un pacto claro: homenajear la discografía y la memoria de “B” sin grabar nuevo material. Una gira de despedida y de celebración al mismo tiempo.
Solve y Cortadas abrieron la noche como referentes locales del género — Solve con sus tintes crust bien marcados, Cortadas aportando su propuesta característica. Ambas lograron convocar a su público más fiel para esta noche especial y los pogos estuvieron presentes desde el inicio. Hay que ser honesto: el sonido de las bandas teloneras podría haber estado mejor — es algo que ocurre con frecuencia en fechas internacionales donde el equipo disponible no siempre acompaña. Parte de profesionalizarnos dentro del under es armar un buen equipo para estas ocasiones. Pero la energía estuvo, y eso vale.
El penúltimo tema del set de Cortadas fue dedicado a Luz, el cantante de Coagula, fallecido el año pasado. Un momento de silencio colectivo en medio del caos que resumió bien el espíritu de esta escena.
Cuando Lifelover tomó el escenario, El Teatrito estaba lleno. Y lo que siguió fue un repaso de 13 temas por los álbumes de culto de la banda — Pulver, Erotik y Sjukdom — con una conexión banda-público que no se fabrica. Cada canción fue una catarsis. Euforia, pogo, gente cantando letras en sueco que probablemente llevan años escuchando a solas en sus cuartos. Eso es lo que tiene el DSBM cuando funciona en vivo: convierte la oscuridad individual en algo colectivo.
Kim Carlsson al frente con su presencia característica, bebiendo fernet y con una Quilmes rondando el escenario — alguien que claramente entendió rápido cómo funciona Buenos Aires. A diferencia de los primeros discos de estudio donde usaban baterías programadas, en vivo Cirone le dio al material una dimensión física que lo transforma completamente. Y H. en guitarra completando un sonido que honró cada nota del legado de “B”.
Lo que fue curioso — y esperanzador — fue notar la ardua asistencia joven en El Teatrito. Para un género tan de nicho como el DSBM, ver pibes que claramente lo vienen escuchando hace tiempo es una señal de que algo está pasando en la escena local que va más allá de lo evidente.
Lifelover eligió 5 países para su primera gira latinoamericana. Buenos Aires fue uno de ellos y El Teatrito respondió como corresponde — lleno, activo y con una energía que sorprendió hasta a los propios músicos. La memoria de Jonas Bergqvist estuvo presente en cada acorde. Y el DSBM demostró que puede ser una fiesta sin perder ni un gramo de su oscuridad. Esa es la magia de esta música cuando encuentra a su gente.
Agradecemos a Icarus Music – Marcela Scorca
Cobertura: Pentacle.ph
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