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SANCTUARY en Argentina. Cuatro décadas de historia, clásicos y una noche que fue de menos a más

La primera visita de SANCTUARY a la Argentina tenía todos los ingredientes para convertirse en una de esas noches especiales para los seguidores del metal clásico. La banda de Seattle, Estados Unidos, llegó al país en el marco de su gira 40 Years of Sanctuary, celebrando cuatro décadas de trayectoria y con un repertorio que atraviesa buena parte de su historia. Sin embargo, la jornada comenzó bastante lejos de ese clima de celebración. Al llegar al Teatrito, VIRTHUAL ya estaba terminando su presentación. El cronograma original había sufrido algunas modificaciones y BLACKHELL, propuesta orientada a los covers de METALLICA, HERMÉTICA y otros clásicos, había intercambiado su lugar en el orden de la fecha. Lejos había quedado el arranque con VIATOREM ASTRA, banda liderado por Carol Muñoz que esgrime un poderoso power metal épico que lamentamos habernos perdido. El panorama dentro del recinto tampoco era demasiado alentador. La concurrencia todavía estaba muy lejos de lo que uno podía imaginar para la primera visita de una banda con el peso histórico de SANCTUARY, con menos de un centenar de personas durante buena parte de la previa. Después de VIRTHUAL llegó el turno de GUERRA SANTA, que ofreció un set más acotado para lo que uno quizás está acostumbrado, siendo que en lo personal he visto en varias ocasiones a la banda, pero nunca hasta ahora con la nueva formación que sonó bastante potente. La banda liderada por Marino Vázquez cerró su presentación con Despierta América, una elección que funcionó además como reivindicación del país como territorio propio, antes de que la atención comenzara a concentrarse definitivamente en el plato fuerte de la noche.

Y entonces ocurrió algo bastante visible: la llegada del público se aceleró de manera exponencial. A medida que se acercaba el horario anunciado para SANCTUARY, el Teatrito comenzó a llenarse. La postal de una hora antes había cambiado considerablemente cuando la banda finalmente tomó el escenario. SANCTUARY salió a escena con Arise and purify, pero los primeros minutos estuvieron marcados por un sonido que no terminó de acompañar a la banda. El arranque fue confuso desde lo técnico y la potencia que podía esperarse de una formación con semejante recorrido tardó en aparecer. La situación llevó a que, después del segundo tema, el grupo detuviera momentáneamente el show para intentar acomodar algunos aspectos del sonido. Lejos de dejar que el inconveniente condicionara completamente la noche, el vocalista aprovechó la pausa para interactuar con el público e incluso invitar a la concurrencia a acompañar el momento con vino tinto. Una postal bastante más relajada de lo que podía sugerir el comienzo.

A partir de Die for my sins, la dinámica empezó a cambiar. El público, que ya había respondido desde los primeros minutos, encontró finalmente el espacio para soltarse y el agite comenzó a crecer. La primera parte del repertorio se apoyó fuertemente en el material clásico: Seasons of destruction, Veil of disguise, Future tense, Taste revenge y Long since dark fueron construyendo una seguidilla que dejó claro cuál era el principal atractivo de esta gira: recorrer la historia de SANCTUARY a través de sus canciones más representativas. El repertorio terminó siendo bastante completo: seis canciones de Into the mirror black, cuatro de Refuge denied y tres correspondientes a The year the sun died, además de Not of the living, el single publicado este 2026. Uno de los momentos más particulares llegó con The mirror black, antes de que SANCTUARY se permitiera salir momentáneamente de su propio repertorio. La banda incorporó Breathe de PINK FLOYD y White Rabbit de JEFFERSON AIRPLANE, dos elecciones que aportaron un cambio de clima en medio del repertorio metalero. También hubo espacio para Battle Angels, la mencionada Not of the Living y la homónima The year the sun died, antes de llegar al cierre con Soldiers of Steel luego de unos bises donde la gente se mostró muy ansiosa. Más allá de los inconvenientes técnicos, que volverían a aparecer hacia el tramo final, hubo una constante durante todo el concierto: el vocalista se mostró visiblemente cómodo y disfrutando de la noche, cerveza en mano y buscando permanentemente el contacto con una audiencia que, para ese momento, ya había transformado completamente el ambiente del recinto. No fue una presentación perfecta desde lo técnico. Los problemas de sonido estuvieron demasiado presentes como para ignorarlos y, en algunos pasajes, terminaron condicionando la experiencia. Pero tampoco fueron suficientes para apagar una noche que fue creciendo progresivamente.

SANCTUARY llegó a Buenos Aires con 40 años de historia, y su obra que marcó a fuego el cruce entre el power metal y el thrash estadounidense, terminó por sentar una influencia que también se proyectó posteriormente a través de NEVERMORE. La banda se encuentra además atravesando una nueva etapa, con material reciente como Not of the living, su primera canción inédita desde el álbum de 2014, y el primer registro de estudio de su historia posterior a la muerte de Warrel Dane. El comienzo fue frío, el sonido presentó dificultades y la convocatoria tardó en aparecer, pero cuando SANCTUARY tomó el escenario, el Teatrito terminó convirtiéndose en el lugar que tenía que ser: una sala llena de gente agitando por canciones que llevan décadas formando parte de la historia del metal. Una primera visita que, con sus imperfecciones, dejó finalmente la sensación de haber saldado una deuda histórica.

Texto: Luis Gallucci

Imágenes:Martín Dark Soul

Agradecemos a Icarus Music por la acreditación al evento.

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