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A.N.I.M.A.L. en el Teatro Flores: 30 años de El Nuevo Camino Del Hombre y las tribus volvieron a unirse

Cuando salió El Nuevo Camino Del Hombre en 1996, yo tenía pelo largo. Eso ya dice algo de la época y de lo que significó ese disco para los que lo vivimos en primera persona. Me acuerdo de los pogos en Obras — de esos que te dejaban sin aire y con una sonrisa de oreja a oreja — y de la sensación de que A.N.I.M.A.L. era una banda que entendía algo que el resto no terminaba de entender. Treinta años después, entré al Teatro Flores con todo eso encima. Y el disco me lo devolvió intacto.

El teatro estaba lleno total. Humedad de la buena, el aire que se espesa y que te dice que la noche va en serio. Cuando apagaron las luces y arrancaron los primeros acordes de Guerra de Razas, se me erizó la piel. No por nostalgia — o no solo por eso. Sino porque el tema suena igual de urgente que en el 96. Eso no es poca cosa.

El logro más grande de A.N.I.M.A.L. siempre fue ese: reunir bajo un mismo techo a metaleros, punks, skaters y raperos que muchas veces caminaban por separado. Esa noche el Teatro Flores fue exactamente eso. Miré alrededor y vi de todo — gente de mi generación que fue con el recuerdo de Obras en los ojos, y pibes que los fueron descubriendo después y que cantaban con la misma intensidad. El pogo explotó desde el primer tema y no paró más.

El primer bloque fue El Nuevo Camino Del Hombre completo, en orden original. Andrés contó que invitaron a Corvata — que es quien inmortalizó esas baquetas en el disco — pero que no quiso venir. Una lástima, pero se entiende. Titi Lapolla asumió esa responsabilidad y lo hizo con solvencia, replicando sin imitar. Marcelo Castro en el bajo cumplió con precisión técnica aunque el fantasma de Martín Carrizo sigue siendo difícil de exorcizar.

Lejos de Casa, Sol y la fumona Chalito fueron los momentos más celebrados del bloque. Y Andrés Giménez — con treinta años más sobre los hombros — sonó mejor que nunca. Hay que decirlo: vocalmente está en un nivel superior al de los 90. La misma impronta guitarrera, el mismo vínculo con el público, la misma convicción de siempre.

El segundo bloque recorrió la historia de la banda con Revolución, Loco Pro y el rescate de Solo Por Ser Indios que el público agradeció a los gritos. El cierre llegó con dos covers que fueron una paliza: Strength to Endure de Ramones y Cop Killer de Body Count en el último bis. El Teatro Flores explotó por última vez. Y yo salí con la misma sonrisa de los tiempos de Obras — solo que con menos pelo.

Esto no fue solo un festejo de aniversario. Fue la confirmación de que El Nuevo Camino Del Hombre es un disco que atravesó el tiempo sin perder ni un gramo de relevancia. Mientras muchas obras quedaron atrapadas en la nostalgia, A.N.I.M.A.L. demostró que ese nuevo camino sigue siendo el mismo para miles de personas que treinta años después todavía encuentran en estas canciones un lugar donde todas las tribus hablan el mismo idioma. Yo fui uno de ellos esa noche. Y no me arrepiento de nada — ni siquiera del pelo largo.

Agradecemos a Paula Alberti.

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