Hay discos que necesitan ser escuchados en vivo para revelar su verdadera dimensión. Necrópolis, el último álbum de Monje, es uno de esos. El 12 de julio, el Club Bula — recinto del sonido pesado por excelencia — fue el escenario de su presentación oficial en vivo. Todo lo que el streaming promete, el escenario lo cumplió con creces.
Psicosfera y Shafu — esta última llegada desde Córdoba — abrieron la noche como bandas amigas de Monje. Dos propuestas que entendieron el espíritu de la velada y prepararon el terreno con la densidad y el peso que la noche exigía.
Monje arrancó con La Extinción y Solo Queda Podredumbre — ambas de Necrópolis — y desde el primer acorde quedó claro que la noche iba a ser otra cosa. Esta última es tremendamente desoladora en el disco. En vivo te golpea el pecho. Especialmente cuando llegan esos versos que resumen todo el universo profético de la banda: “Los gigantes destruyen suelos, el pueblo dormido sufriendo duelos.” En el Club Bula, esas palabras resonaron de una manera que ningún parlante doméstico puede replicar.
Le siguió La Profecía — de su álbum anterior — uno de esos temas donde sentís que el sonido te devora desde adentro sin que puedas dejar de mover la cabeza. Después Paisaje del Horror y Lágrimas de Sangre, seguidas de Filosofía del Culto al Fin de los Tiempos — estas últimas más orientadas al doom más puro, preparando el terreno para lo que vendría.
Y vino Miodesis. Un intro tenebroso que de a poco construye tensión hasta explotar en blastbeats que entierran la mente en un ambiente denso y sepulcral. Si tu mente puede tolerar la pesadez que genera este tema en vivo, salís transformado. Si no puede, salís igual — pero más liviano, porque dejaste algo adentro.
Le siguió Aporia — un pasaje instrumental de Necrópolis cuyo nombre en griego significa literalmente “sin camino” o “dificultad para el paso”. Una situación de perplejidad. Escucharla en el Bula fue exactamente eso: quedarse sin camino, suspendido en el sonido.
El tramo final arrancó con Pionero de la Muerte y El Espectro — con riffs hipnóticos que desataron el pogo — antes de Punto Omega, con la participación en voces de Paolo de The Amethist y Del Pantano. El cierre llegó con La Vita e Inferno, A Sangre Fría y La Salvación — los temas más pesados del álbum, cargados de riffs potentes que pintaban un paisaje desesperanzador hasta el último segundo.
Monje es una de las mejores bandas del metal nacional. No hay mucho más que agregar. Sus letras proféticas en castellano construyen un universo propio que pocas bandas locales pueden exhibir, y en vivo ese universo se vuelve físico — lo sentís en el cuerpo, no solo en los oídos. Necrópolis en el streaming ya es una experiencia. En el Club Bula, fue otra cosa completamente. El sonido pesado tiene una dirección y esa dirección pasa por Monje.
Agradecemos a Noiseground y a Deadsound
Cobertura y PH : Pentacle.Ph

