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Pestilence en el Club Bula: quinta visita y una noche de death metal a pocos metros

Pestilence volvió a Argentina por quinta vez y el show terminó mudándose del Uniclub al Club Cultural Bula. Un cambio que habla de una convocatoria ajustada — hay que decirlo sin vueltas. En un mes cargado de shows internacionales y con la fatiga de billetera que todos conocemos, poco más de cien personas se congregaron en Bula para ver a una de las bandas pioneras del death metal europeo de finales de los 80. Los que eligieron estar ahí sabían exactamente lo que venían a buscar.

Dead Rooster abrió la noche con un death metal ganchero de influencia nórdica y un nuevo vocalista que se plantó desde el primer tema. Sonido impecable, recepción muy buena del público. Una apertura que dejó el listón alto.

Burden Rage tuvo algunos problemas técnicos durante toda su presentación — un falso contacto en algún cable generando ruido de fondo, casi imperceptible pero constante. Ellos en el escenario parecían ni enterarse y descargaron toda su brutalidad de todas formas. El baterista fue la figura de la noche: una máquina demoledora a la que no podías quitarle los ojos de encima. Los problemas no los frenaron ni un segundo.

Cuando Pestilence subió al escenario, poco más de cien personas ocupaban el Bula. Frío afuera, frío adentro también — al menos al principio. Patrick Mameli enchufó sus instrumentos y arrancaron con The Secrecies of Horror, Morbvs Propagationem y Dehydrated mientras el sonido terminaba de acomodarse. Mameli dando lo mejor de sí, aunque sin transmitírselo demasiado a la cara.

La cosa fue mejorando. Una seguidilla de clásicos de Consvming Impvlse y Testimony calentó a los que se animaron al pogo, y Resurrection Macabre hipnotizó con sus bases densas y el doble bombo aniquilador. El momento más emotivo llegó con Twisted Truth — el público cantó los acordes — y el delirio con Land of Tears. El set de una hora y cuarto cerró con Reduced to Ashes y Out of the Body.
Sabor agridulce. Tener a Pestilence tan cerca en un lugar íntimo como el Club Bula tiene su magia — eso no se discute. Pero la noche tuvo momentos fríos de ambas partes.Para los que estuvieron, fue una experiencia única.

Agradecemos a Noiseground

PH: DeeDee.Eff

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