Nick Barker no se guardó nada. En una entrevista con Paul McNamee para el podcast The False Face, el baterista británico —pieza clave de la escena black y death metal desde los 90, con pasos por Cradle of Filth, Dimmu Borgir, Brujeria, Testament, Exodus, Gorgoroth y Anaal Nathrakh, entre otros— contó que en el último mes atravesó una calcifilaxis, una condición con una tasa de supervivencia del 50%.
Según explicó, todo empezó por un efecto adverso de la warfarina, un anticoagulante que le habían recetado: el medicamento calcificó los vasos sanguíneos de sus pantorrillas y le generó lesiones abiertas que describió como si “un tiburón le hubiera arrancado pedazos de músculo”. El cuadro derivó en dolor insoportable, tratamiento con morfina, metadona y nabilona, y finalmente diálisis cinco veces por semana para intentar sacar el fármaco de su organismo. Las heridas llegaron a infectarse y el músico estuvo cerca de un cuadro de sepsis.
Barker, de 53 años, contó que en algún momento se habló de una posible amputación. “Le dije a mi mujer: si algún día tienen que amputarme, no quiero seguir acá. Prefiero morir con mis piernas que vivir sin ellas. Soy baterista”, relató. Hoy asegura estar en recuperación y “en una cabeza positiva”. La noticia llega tres años después de que el músico revelara que atravesaba un cuadro de insuficiencia renal, que lo obligó a alejarse de las giras.
Barker construyó su carrera desde 1993, cuando se sumó a Cradle of Filth con apenas 20 años, y en 1999 pasó a Dimmu Borgir, con quienes vivió su etapa de mayor proyección comercial hasta 2004. Desde entonces trabajó como sesionista para bandas como Testament, Old Man’s Child, Exodus, Brujeria, Gorgoroth, God Seed, Anaal Nathrakh y Benediction.

