Draconian — In Somnolent Ruin (2026)
Lanzamiento: 8 de mayo de 2026 · Duración: 55 min.
Hay que volver a 2002. Säffle, una ciudad sueca que no figura en ningún mapa metalero, una maqueta titulada Dark Oceans We Cry grabada en un cuarto. Esa cinta tenía algo: una voz femenina que entraba sin filtro pop, pegada al hueso, justo cuando todo el resto del gothic doom miraba hacia los conservatorios. Era Lisa Johansson. Hizo cinco discos, se fue después de A Rose for the Apocalypse (2011), y durante una década Draconian fue otra banda —digna, atmosférica, con Heike Langhans haciendo el papel etéreo— pero otra. In Somnolent Ruin no es un regreso: es una tachadura. La banda agarra los últimos dos discos, los dobla en cuatro y los guarda en un cajón. Lo que entra al estudio es la versión 2003 de Draconian con quince años más de carrera encima.
La afinación es Si estándar pesado, los tiempos casi todos en el rango 60-72 BPM, y la grabación se nota analógica en los amperios: Johan Ericson y Niklas Nord meten los Marshall en serie con cabezales sin tropicalizar, y en lugar de empastar todo con reverb sucia eligieron dejar los riffs respirando con un toque de plate corto. Es producción de iglesia húmeda, no de catedral. Jerry Torstensson —el único miembro original junto a Jacobsson y Johan Ericson— toca con las manos: hay platos crash que se mueren en el aire, hi-hats que cierran un toque tarde, ese groove ligeramente vivo que las máquinas no pueden falsificar. La voz de Lisa está mezclada al frente pero seca; la de Anders Jacobsson queda envuelta en un coro de octavas inferiores que le da el espesor goth clásico sin maquillaje moderno.
“I Welcome Thy Arrow” abre con un riff en Mi menor que Saturnus podría firmar y un compás de espera antes de que entre la voz: tres segundos donde el corazón se prepara para algo. “The Monochrome Blade” es el primer mazazo. Es el tipo de canción que separa un disco bueno de uno doloroso: minuto 3:18, cuando Lisa estira la frase final mientras Anders escupe debajo el verso, son cinco segundos de música a los que podés volver siempre. “Anima” trae a Daniel Änghede (ISON, ex-Astroqueen) en una tercera capa vocal limpia masculina; es la apuesta arriesgada del disco y la única vez que Draconian deja entrar prog-doom al patio. Funciona porque Änghede no se cree el invitado estrella.
El tramo medio es donde el disco hace daño. “The Face of God” empuja la maquinaria pesada al borde del funeral doom —pulso en 55 BPM, riff de cuatro notas que se descuelga— y “I Gave You Wings” es probablemente la mejor balada doom que Draconian compone desde “The Failure of Human Sacrifice” en 2008. Sin grasa, sin subrayado: una progresión Im-VI-III-VII en arpegio limpio, voz arriba, batería que sólo aparece en el último estribillo. “Asteria Beneath the Tranquil Sea” parece un puente y termina siendo el track con la mejor línea de bajo del álbum, una caminata cromática que copia el bridge de “Death, Come Near Me” de Anathema y lo gira hacia algo propio. “Cold Heavens” sube la tensión y “Misanthrope River” es el corte más oscuro: Jacobsson en growl seco, batería en doble bombo a 95 BPM y solo Lisa apareciendo como coro distante; la cosa más cercana a black metal que Draconian compuso desde Where Lovers Mourn.
“Lethe” cierra deliberadamente austero. Acordes limpios al estilo Strat con chorus, voces yendo y viniendo, y un fade out que no quiere ser final. Es un cierre incómodo a propósito: no te suelta.
Lo que pasa con In Somnolent Ruin es estructural. La banda dejó de querer suplir lo que Lisa no estaba: durante la era Langhans empujaron el lado atmosférico para tapar el hueco, y el resultado fueron discos con muchos sintetizadores y poca articulación de riffs. Acá los teclados son condimento, no base. Y por primera vez desde 2008 hay una métrica del oficio que importa: las canciones son más cortas en promedio (5-7 minutos contra los 8-10 de Sovran), las repeticiones de riff están justificadas, y cada track tiene un punto de inflexión claro. Eso no es nostalgia; es escritura.
¿Para quién es? Para quien todavía pone Where Lovers Mourn cuando llueve. Para quien escuchó Veil of Imagination de Wolverine y sintió que faltaba algo más oscuro. Para quien cree que el doom no es lentitud, sino paciencia. No es perfecto: la duración pide voluntad, hay un par de transiciones largas, y el segundo solo de “Cold Heavens” se demora más de la cuenta. Pero son detalles en un disco que entiende lo que es.
Veredicto: el regreso de Lisa Johansson no es marketing. Es la pieza que hacía falta para que Draconian volviera a doler como Draconian.
Draconian — In Somnolent Ruin — 💀💀💀💀💀💀💀💀 8/10

Tracklist
- I Welcome Thy Arrow
- The Monochrome Blade
- Anima (feat. Daniel Änghede)
- The Face of God
- I Gave You Wings
- Asteria Beneath the Tranquil Sea
- Cold Heavens
- Misanthrope River
- Lethe










