Bajo el Signo del Lobo: Moonspell Conjura la Oscuridad en El Teatrito
Hay discos que no envejecen porque nunca fueron modernos. Wolfheart es uno de esos. Cuando Moonspell lo publicó en 1995, no estaban siguiendo una tendencia: estaban fundando una. Treinta años después, el sábado 21 de marzo, el Teatrito fue el lugar indicado para que esa obra se celebre como corresponde — con oscuridad, devoción y un público que cada nota la tiene grabada a fuego.
La antesala de la ceremonia estuvo a cargo de Leshy, la única banda local, que, a pesar de un sonido que no siempre jugó a su favor, logró romper el silencio y preparar el terreno. Su set, corto pero ajustado, fue el preludio perfecto para la inminente inmersión en las profundidades del metal.
Al filo de la hora señalada, la intro de “Wolfshade (A Werewolf Masquerade)” comenzó a tejer su hechizo. El telón se abrió, revelando a Fernando Ribeiro y su cohorte, quienes emergieron de las sombras para desatar la furia de Wolfheart. Los primeros compases, sin embargo, se vieron empañados por pequeños inconvenientes técnicos: un bajo renuente y una pantalla que se negaba a proyectar las visuales. Lejos de ser un obstáculo, estos fallos iniciales se integraron en la atmósfera, como pequeñas pruebas en un rito que exigía paciencia y fe. Una vez superados los escollos, la banda continuó con la secuencia del álbum, regalando gemas como “Love Crimes” y “…of Dream and Drama (Midnight Ride)”, para luego sorprender con “Tenebrarum Oratorium (Andamento I)”, una joya rescatada de su EP Under The Moonspell.
El sonido, que al principio se mostró esquivo, fue encontrando su cauce con el avance de las canciones, permitiendo que la majestuosidad de Moonspell se desplegara en toda su magnitud. El público, un mar de almas entregadas, acompañó cada nota con una devoción casi religiosa, sumergiéndose en el clima creado por los lusitanos. El ritual prosiguió con “Lua D’inverno” y “Trebaruna”, y una anécdota compartida por Fernando Ribeiro sobre “Ataegina”, una canción que el sello discográfico consideró “una invitación a beber”, añadió un toque de camaradería a la solemnidad. El clímax de Wolfheart llegó con la trifecta final: la icónica “Vampiria”, la personal “An Erotic Alchemy” y la inconfundible “Alma Mater”, que resonó como un himno colectivo antes de un breve respiro.
Para la segunda parte del show, Moonspell se enfrentó a la difícil tarea de seleccionar un puñado de canciones de su vasto repertorio. La intro de Irreligious, sucesor inmediato de Wolfheart, marcó el inicio de esta nueva fase. “Opium” fue el primer disparo, y aunque otros setlists sugerían “Awake!”, la banda optó por “Extinct”, una declaración de que Moonspell nunca se ha dormido en los laureles de sus éxitos pasados, sino que ha continuado evolucionando con material de calidad y ambición. El cierre fue apoteósico, con “Everything Invaded” y el éxtasis final de “Full Moon Madness”, dejando a la audiencia en un estado de catarsis. Fernando Ribeiro, agradecido por el fervor argentino, anunció el próximo adelanto de su nuevo álbum, “Far From God”, prometiendo que la oscuridad de Moonspell seguirá expandiéndose.
Los problemas técnicos del inicio existieron y sería deshonesto ignorarlos. Pero Moonspell los absorbió y los convirtió en anécdota. Lo que quedó fue Wolfheart sonando completo en Buenos Aires, treinta años después, ante un público que lo trató como el acontecimiento que es. Noches así no se improvisan. Se construyen a lo largo de tres décadas de trabajo, convicción y oscuridad bien administrada.
Agradecemos a Icarus Music – Marcela Scorca
PH: DeeDee.Ef











