AMBUSH en Buenos Aires fue puro metal sin filtro.
Los suecos Ambush volvieron a Buenos Aires y transformaron el Teatrito en una caldera. El Heretic Steel Fest venía golpeado por la baja repentina de dos nombres fuertes, como Atrophy y Artillery, pero la productora no se achicó: compensó al público, sostuvo la fecha y apostó al metal sin medias tintas. Y la jugada salió perfecta. La noche terminó siendo una celebración violenta y hermosa del heavy metal en estado puro.
El festival arrancó temprano, y desde el primer riff quedó claro que nadie había ido a templar el acero: lo iban a golpear hasta que sacara chispas.
Mercurio abrió la jornada con el recinto todavía llenándose, pero tocaron como si estuviera reventado. Actitud callejera, temas directos y un sonido que marcó el clima del resto del día.
Siguió Frantic, pura crudeza y electricidad. Propusieron un set afilado, intenso, con ese filo que te acomoda la mandíbula de un golpe. El público empezó a moverse en serio.
Metaluria llegó con su energía volcánica. Cada tema sumó presión, velocidad y voluminosidad. A esa altura ya había calor, sudor y la sensación de que la noche estaba tomando forma grande.
Con Velocidad 22, el Teatrito ya estaba colmado. Rápidos, precisos, filosos. Su show fue una declaración de principios: técnica al palo y energía que quema. A esta banda ya no hay que presentarla: se ganó su lugar a fuerza de constancia y explosión.
Y desde Chile llegó Heiligen, debutando en Argentina con una entrega descomunal. Virtuosismo, velocidad y una gratitud genuina hacia el público. Derribaron cualquier idea de “banda invitada”: salieron como si fueran locales. Su show fue un recordatorio de que Latinoamérica está armada hasta los dientes.
A las 21:20, sin vueltas ni suspenso, Ambush apareció y arrojó gasolina sobre todo lo construido hasta ese momento. Arrancaron con “Firestorm” y el público respondió con un pogo rabioso, gritos afónicos y una energía que se desbordó en un segundo. No hubo introducción suave: fue un mazazo directo.
El set mezcló clásicos y temas del último disco Evil in All Dimensions, que en vivo suenan aún más afilados. “Maskirovka”, “Come Angel of Night”, “Heavy Metal Brethren”… todos recibidos como si llevaran años en la calle. Y cuando sonó “Bending the Steel”, el Teatrito explotó en un coro ensordecedor. Un himno moderno de acero puro.
Uno de los momentos más delirantes fue cuando Karl Dotzek quedó solo en el escenario y empezó a tirar riffs de Judas Priest. Cuando metió The Hellion/Electric Eye, se vino abajo el lugar. Golpe simple, certero, infalible.
El cierre fue una declaración de guerra: “Don’t Shoot (Let ’em Burn)”. El último pogo fue directamente una avalancha humana. Nadie se guardó nada. Ambush se fue dejando olor a fierro quemado, sonrisas sudadas y la sensación de haber visto a una banda en su mejor momento.
Lo que pasó en el Heretic Steel Fest deja algo claro: estas fechas tienen que quedar instaladas.
La escena argentina tiene público, tiene bandas, tiene energía. Lo que falta es que este tipo de festivales se vuelvan costumbre: bandas internacionales + escena emergente + público que banca = crecimiento real del metal.
Es la fórmula. Funciona. Y hay que repetirla hasta que sea tradición.
Agradecemos a Heresy y NGD Press
PH: Deedee.Eff









